jueves, 28 de noviembre de 2013

Pequeño relato sobre el haya de Ahedo de las pueblaslsa

HABLA EL HAYA DE AHEDO DE LAS PUEBLAS

Hola,  soy el haya de Ahedo de las Pueblas. Os hablo desde un pequeño alto al borde de la carretera que descarna mis viejas raices. 

Hace mucho tiempo que me encuentro sola y aislada. Tuve mucha  suerte, cuando hace ya tiempo los lugareños decidieron que mi sombra les podría ser útil y no me talaron. No corrieron la misma suerte el resto de mis compañeras.

         Bajo nuestra cubierta protectora, hallaron cobijo desde  el corzo al  jabalí, desde el lobo al  zorro y también .... el hombre. Todos ellos experimentaron el placer de pasear sobre nuestro alfombrado suelo de hojarasca. Yo era joven entonces y recuerdo con nostalgia como nos extendíamos por enormes  superficies con nuestras ramas entrelazadas.

Debéis saber, si no lo sabéis yo os lo cuento, que nosotros somos los árboles más solidarios, cuando el hombre o las circunstancias   nos    aíslan,      perdemos  la capacidad  de   formar   bosques,    podemos seguir viviendo individualmente y seguimos teniendo intacta nuestra capacidad reproductora, pero no germinan nuestras semillas, sino es bajo el cuidado y la sombra familiar de las ramas y las hojas de los mayores.

         Pero el hombre es el “rey de la naturaleza”, de una u otra manera, todos los que formamos parte de ella lo aceptamos y nuestro bienestar o nuestra opinión está supeditada a sus acciones.

 En épocas hemos convivido en armonía total, le hemos dado nuestro ser para que  pudiera soportar los fríos inviernos, nuestro cuerpo y nuestros brazos sirvieron para construir las barandas de sus carros y sus herramientas de trabajo, le dábamos la bienvenida al entrar en su hogar, descansaba del duro esfuerzo sobre nuestro regazo,  en cualquier rincón de su casa se podía encontrar algún objeto nuestro que le era útil.


Bajo nuestras frondosas copas encontraban  sombra donde protegerse cuando el calor apretaba, hasta nuestra semilla, nuestros “obes”, como  les llaman por aquí, fueron sus frutos.

Ellos nos correspondían, nos daban su sudor, su alegría, su música, su...cantar, su poesía. Fuimos testigos de besos, de arrullos, de manos entrelazadas, de confidencias, de lágrimas... compartimos la vida de la gente.

Sin embargo, el hombre necesitó nuestro territorio cada vez con más avidez, poco a poco desaparecimos para que  él pudiera vivir. En ocasiones nos trató de forma,  en  nuestra  opinión  injusta,   pero  comprendimos  su  necesidad.
     
Y  así  los  prados sustituyeron nuestros territorios, las vacas y las ovejas lo hicieron con los ciervos y las ardillas.  Los que por aquí se asentaron llamaron “Hayedo” a nuestro entorno, por aquel entonces todavía éramos numerosas, pero con el paso del tiempo...... me quedé sola.

Hoy mi vista cansada pero aún aguda, observa en mis proximidades brezos, árgumas y helechos, entre los que asoman su nariz numerosas rocas grisáceas, alfombradas por musgos y líquenes.  Cuando mis ojos cambian de dirección, observo al otro lado con pena los grandes pedregales rocosos que protegían “las eras”,  hoy  agrietados, revolcados y maltratadas para vender su corazón a cachitos, junto a ellos fue víctima mi compañero el acebo que se asentaba entre sus grietas.

Con él  he compartido estos últimos años de existencia, más de un guiño hemos intercambiado los dos cuando veíamos hace no muchos años, dar vueltas sin marearse a las rudas parejas de bueyes y vacas  arrastrando el trillo y a los niños trepando por las peñas entre gritos y risas.... Creerme si os digo que lloré lagrimas de rocío cuando vi desaparecer a mi amigo engullido entre las rocas tras el estruendo de los barrenos.... La vida es a veces dura.



Pero no penséis que soy un haya triste y pesimista.

Si oteo al frente, una esperanzadora sonrisa se me dibuja en el rostro.

Entre los verdes prados, empieza a destacar cada vez más la presencia de mis camaradas los robles, y allí muy en el fondo, en la tierra de los pasiegos me he enterado que entre los matojales, están apareciendo compañeras mías descendientes de mis antepasados  que ya empiezan ha formar bosquetes,... y el otro día escuché a unos arrendajos hablar de que el hombre,... sí...., ese al que tanto hemos dado,.... sí...., ese que acabó con la vida de mi amigo el acebo, ha sustituido aquí muy cerca los helechos, los brezos y las aulagas por pinos y servales,... cuando vayan creciendo crearán sombra..... y cuando haya sombra podré mandar alguna semilla por allí,.... ya me las arreglaré...., y algún hijo mío nacerá bajo la cubierta de los pinos, y los servales,.....  y crecerán al lado de algún roble que seguro también se aprovecha de esta circunstancia y con el tiempo los pinos,..... que a pesar de lo que la gente cree son muy generosos,.... nos cederán el sitio y....... de nuevo las hayas y los robles camparemos por estos lugares, y..... de nuevo la gente podrá disfrutar de nosotros y.... yo ....habré sido pieza fundamental en todo esto,.... sí....., ...yo..., el Haya de Ahedo de las Pueblas pequeño pueblo burgalés, que al amanecer, cuando se despereza ....acaricia a Cantabria.


 Cele

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