HABLA EL HAYA DE AHEDO DE LAS PUEBLAS
Hola, soy el haya de Ahedo de las Pueblas. Os hablo
desde un pequeño alto al borde de la carretera que descarna mis viejas
raices.
Hace mucho tiempo que me
encuentro sola y aislada. Tuve mucha
suerte, cuando hace ya tiempo los lugareños decidieron que mi sombra les
podría ser útil y no me talaron. No corrieron la misma suerte el resto de mis
compañeras.
Bajo nuestra cubierta protectora, hallaron cobijo desde el corzo al
jabalí, desde el lobo al zorro y
también .... el hombre. Todos ellos experimentaron el placer de pasear sobre
nuestro alfombrado suelo de hojarasca. Yo era joven entonces y recuerdo con
nostalgia como nos extendíamos por enormes
superficies con nuestras ramas entrelazadas.
Debéis saber, si
no lo sabéis yo os lo cuento, que nosotros somos los árboles más solidarios,
cuando el hombre o las circunstancias
nos aíslan, perdemos
la capacidad de formar
bosques, podemos seguir
viviendo individualmente y seguimos teniendo intacta nuestra capacidad
reproductora, pero no germinan nuestras semillas, sino es bajo el cuidado y la
sombra familiar de las ramas y las hojas de los mayores.
Pero el hombre es el “rey de la naturaleza”, de una u otra
manera, todos los que formamos parte de ella lo aceptamos y nuestro bienestar o
nuestra opinión está supeditada a sus acciones.
En épocas hemos convivido en armonía total, le
hemos dado nuestro ser para que pudiera
soportar los fríos inviernos, nuestro cuerpo y nuestros brazos sirvieron para construir
las barandas de sus carros y sus herramientas de trabajo, le dábamos la
bienvenida al entrar en su hogar, descansaba del duro esfuerzo sobre nuestro
regazo, en cualquier rincón de su casa
se podía encontrar algún objeto nuestro que le era útil.
Bajo nuestras
frondosas copas encontraban sombra donde
protegerse cuando el calor apretaba, hasta nuestra semilla, nuestros “obes”,
como les llaman por aquí, fueron sus
frutos.
Ellos nos
correspondían, nos daban su sudor, su alegría, su música, su...cantar, su poesía.
Fuimos testigos de besos, de arrullos, de manos entrelazadas, de confidencias,
de lágrimas... compartimos la vida de la gente.
Sin embargo, el hombre necesitó nuestro territorio
cada vez con más avidez, poco a poco desaparecimos para que él pudiera vivir. En ocasiones nos trató de
forma, en nuestra
opinión injusta, pero
comprendimos su necesidad.
Y así los
prados sustituyeron nuestros territorios, las vacas y las ovejas lo
hicieron con los ciervos y las ardillas.
Los que por aquí se asentaron llamaron “Hayedo” a nuestro entorno, por
aquel entonces todavía éramos numerosas, pero con el paso del tiempo...... me
quedé sola.
Hoy mi vista cansada pero
aún aguda, observa en mis proximidades brezos, árgumas y helechos, entre los
que asoman su nariz numerosas rocas grisáceas, alfombradas por musgos y
líquenes. Cuando mis ojos cambian de
dirección, observo al otro lado con pena los grandes pedregales rocosos que
protegían “las eras”, hoy agrietados, revolcados y maltratadas para
vender su corazón a cachitos, junto a ellos fue víctima mi compañero el acebo
que se asentaba entre sus grietas.
Con él
he compartido estos últimos años de existencia, más de un guiño hemos
intercambiado los dos cuando veíamos hace no muchos años, dar vueltas sin
marearse a las rudas parejas de bueyes y vacas
arrastrando el trillo y a los niños trepando por las peñas entre gritos
y risas.... Creerme si os digo que lloré lagrimas de rocío cuando vi
desaparecer a mi amigo engullido entre las rocas tras el estruendo de los
barrenos.... La vida es a veces dura.
Pero no penséis que soy un haya
triste y pesimista.
Si oteo al frente, una
esperanzadora sonrisa se me dibuja en el rostro.
Entre
los verdes prados, empieza a destacar cada vez más la presencia de mis
camaradas los robles, y allí muy en el fondo, en la tierra de los pasiegos me
he enterado que entre los matojales, están apareciendo compañeras mías
descendientes de mis antepasados que ya
empiezan ha formar bosquetes,... y el otro día escuché a unos arrendajos hablar
de que el hombre,... sí...., ese al que tanto hemos dado,.... sí...., ese que
acabó con la vida de mi amigo el acebo, ha sustituido aquí muy cerca los
helechos, los brezos y las aulagas por pinos y servales,... cuando vayan
creciendo crearán sombra..... y cuando haya sombra podré mandar alguna semilla
por allí,.... ya me las arreglaré...., y algún hijo mío nacerá bajo la cubierta
de los pinos, y los servales,..... y
crecerán al lado de algún roble que seguro también se aprovecha de esta
circunstancia y con el tiempo los pinos,..... que a pesar de lo que la gente
cree son muy generosos,.... nos cederán el sitio y....... de nuevo las hayas y
los robles camparemos por estos lugares, y..... de nuevo la gente podrá
disfrutar de nosotros y.... yo ....habré sido pieza fundamental en todo
esto,.... sí....., ...yo..., el Haya de Ahedo de las Pueblas pequeño pueblo
burgalés, que al amanecer, cuando se despereza ....acaricia a Cantabria.
Cele